Pedirle el mismo retorno a toda inversión en IA lleva a malas decisiones
Igualar al mercado y construir una ventaja propia crean valor de manera distinta
El 88% de las empresas ya usa IA en alguna función, pero solo el 39% ve impacto en EBIT, y ahí el efecto rara vez pasa del 5% (McKinsey, 2025). BCG encontró que el 60% de las que invierten no genera valor material. Leído con una sola métrica, el presupuesto parece un fracaso.
Separado en cinco decisiones distintas, cambia la lectura.
Cubrir la base. El asistente de Bank of America resuelve el 98% de las consultas sin intervención humana; JPMorgan, Wells Fargo y Citi tienen lo mismo. Nadie gana ventaja. Este gasto se compara con pares y lleva techo.
Comprar aprendizaje. Moderna abrió una plataforma interna a sus 3,000 empleados y hoy opera más de 750 GPTs propios en áreas como análisis clínico y contratos. Se mide por velocidad de adopción y paso de piloto a producción, con presupuesto fijo tipo I+D.
Mejorar lo que la empresa hace distinto. Amazon coordina más de un millón de robots con IA y entregó 9,000 millones de paquetes en un día o menos en 2024. Mide velocidad de entrega y recompra, nunca “ROI de IA”.
Hacer que los datos acumulen ventaja. El sistema de aspersión de John Deere reduce herbicida hasta 67% y aprende cada temporada del campo específico de cada cliente. Cambiar de proveedor cuesta más cada año; ese costo de cambio es la métrica.
Preparar a la organización. Walmart reentrenó a 50,000 personas en roles que no existían hace dos años, como técnicos de drones y supervisores de robots. Se mide por velocidad de adaptación ante lo nuevo.
Para la junta, cada partida responde una pregunta distinta. El gasto defensivo lleva límites; los experimentos, fechas de decisión; las apuestas estratégicas, paciencia y una barrera defendible.

